EN LA FUENTE

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martes, 17 de mayo de 2016

LOS SÍMBOLOS. PORTADA DE SIRENAS EN LA NIEBLA.











Queridos lectores, hoy quiero hablar del símbolo. En mi opinión, es el eje  que sustenta la literatura. Sin él esta no puede darse pues permite la trascendencia de la palabra, es la llave que abre la puerta a otra realidad que se encuentra escondida en otra dimensión, tras el espejo. El valor del símbolo se aprecia muy bien en la poesía a partir del siglo XIX, es una aportación de los llamados poetas simbolistas franceses: Baudelaire, Verlaine, Mallarmé.. Pero no solo aparece en la poesía, también en la pintura. Basta con contemplar los cuadros de los poetas prerrafaelistas para comprender la importancia del símbolo.
El símbolo, la metáfora y la alegoría es una especie de trípode hermenéutico sobre el que se construye la literatura  y puede nacer de cualquier asociación, bien sea lógica, histórica, emocional o de más de una de ellas.

Desde esta perspectiva analizo la portada de Sirenas en la niebla.

EL COLOR: el sepia, el de las fotos antiguas, es que el tiempo imprime en el papel otorgándole una pátina especial, la de lo vivido. Alude a que en la novela existe un tiempo pasado, un tiempo muerto que permanece impreso en nuestra memoria, quizás también en la memoría icónica colectiva.

EL PAPEL DE CARTAS: la  carta es el vehículo de la palabra que entraña un mensaje que se ha conservado congelado en el tiempo. Las cartas antiguas despiertan en la mayoría de nosotros un atávico instinto voyerístico, una curiosidad por descubrir los misterios que desvelan o que se ocultan tras la fronda de las palabras.

LA FOTO DE FAMILIA. Está situada en la parte superior, a la que se dirige la vista en el primer momento. Se trata de una boda, una foto familiar, en este caso de una familia burguesa. Hecho que se puede apreciar en la vestimenta de los protagonistas.
La fotografía es la máxima expresión del tiempo congelado, una forma de inmortalidad pues las imágenes de los retratados permanecen ajenas a los cuerpos que las proyectaron. Los fotografiados no sonríen a la cámara, sonríen al futuro. De nuevo encontramos el tiempo y su devenir.
            Unida al papel de cartas nos anticipa que hay un secreto. Los secretos de familia se trasmiten de generación en generación de forma velada, subliminar. Es este carácter sombrío el que les otorga el poder de influir en la vida emocional de los integrantes.

LA LLAVE Y EL RELOJ. Se pueden unir por una línea diagonal que recorre la portada de derecha a izquierda. Los significados simbólicos de estos objetos cotidianos se unen mediante ella y también por el color    dorado   de ambos y por el material del que están hechos.
La llave es el objeto que abre      puertas de     desvanes, de cofres, de armarios    donde   puede    alojarse    un tesoro, un secreto    o el horror.  Su colocación     en     el     ángulo inferior    derecho    no es gratuita sino que su  importancia como elemento simbólico de lo narrado queda realzada. Es    una llave antigua, de nuevo una alusión al tiempo pasado que se  refuerza   con el trozo de reloj de leontina y que simboliza un hecho que fracturó el tiempo, tal vez el de esa familia retratada, un hecho desgarrador, misterioso que solo descubriremos con la lectura del texto tal como antes nos lo han advertido las cartas que conforman el fondo de la portada.

LA ROSA Y EL LACRE: podemos trazar otra diagonal en sentido opuesto (de izquierda a derecha) que une otros dos elementos simbólicos: el lacre y la rosa.  El lacre alude a lo cerrado, a lo oculto pero su color de un rojo oscuro nos recuerda a la sangre. ¿Tal vez un oscuro crimen que permanece sellado? Continuando con el símbolo, la rosa, como tributo a los difuntos reforzaría esta impresión. Pero podemos optar por otra interpretación más acorde con el sello romántico en el que la novela se inscribe: ambos objetos aluden a lo femenino, a lo sensible.

EL TAPETE: un tapete blanco transparente, un objeto femenino y doméstico que nos vuelve a reforzar la idea de familia, de casa bien, de vivienda burguesa enlazando a la perfección con la fotografía situada sobre él. Pero esa naturaleza de semiopacidad  y la forma redonda aluden a la niebla. Así se refuerza icónicamente el título de la novela. La puntilla sutil y ondulada que lo rodea nos recuerda a la espuma marina, a las olas del mar aludiendo, de nuevo, al título del libro.

EL TINTERO AZUL: una vez más la palabra. El color elegido, el azul marino con el que está escrito tanto el título como el nombre de la autora  posee reminiscencias  marítimas y concuerda con el título.

            Todas estas referencias nos anticipan elementos del texto que se oculta tras la portada y esta se convierte en una especie de aviso, de anticipo del contenido de la novela cuyo plano simbólico es fundamental  para una mejor comprensión de la trama.


            Para finalizar, agradecer al diseñador gráfico de Tombooktu, Santiago Bringas, el excelente trabajo realizado.